La atleta olímpica de los 800 metros está temerosa por el nuevo reglamento de la IAAF que obliga a las corredoras hiperandróginas a hacer bajar con medicamentos su tasa de testosterona para poder competir en sus competiciones

Nairobi-. "Estoy muy decepcionada. Ya no disfruto entrenando porque no sé para qué entreno", dice la atleta keniana Margaret Wambui, especialista en los 800 metros, que cree que la nueva norma sobre hiperandroginia pueda significar el final de su carrera.

Wambui, bronce olímpico de 800 metros en Rio-2016, forma parte de las atletas afectadas por la nueva directriz de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), que obliga a las corredoras hiperandróginas a hacer bajar con medicamentos su tasa de testosterona para poder competir en sus competiciones.

A sus 24 años, Wambui no sale de su perplejidad en una entrevista en un estadio de entrenamiento de Ngong, en la periferia de Nairobi.

"¿Por qué cuando hay hombres con tasas elevadas de testosterona susceptibles de hacerles ganar se celebra? Pero cuando se trata de mujeres se dice que tienen que bajarla o que se les retira de la competición. ¿Por qué?", se pregunta.

"¿Y por qué a hombres con niveles débiles de testosterona no se les pasa a la categoría femenina?", continúa.

Recién regresada a Kenia tras participar en la reunión de la Liga de Diamante de Doha, donde acabó en sexto lugar, admite que no sabe si viajará la próxima semana a China para correr en Nanjing.

En el centro del debate jurídico, científico y mediático que rodea en los últimos meses a las atletas hiperandróginas está la sudafricana Caster Semenya, oro olímpico y mundial de 800 metros, que recientemente vio cómo el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) rechazaba su recurso contra la IAAF por esta cuestión.

El asunto, eso sí, no está cerrado. El Ministerio de Deportes de Sudáfrica anunció el lunes que recurrirá el fallo del TAS ante el Tribunal Federal Suizo.

- "Nos sentimos rechazadas" -

La nueva regla de la IAAF se aplica a las competidoras en pruebas desde los 400 metros a la milla (1.609 metros), pero Wambui no se plantea intentar pasar a una distancia superior como los 5.000 metros para poder escapar a esa controvertida norma.

"No voy a tomar medicamentos porque no estoy enferma (...) y esos productos químicos que ingieres no sabes qué efectos pueden tener a largo plazo", añade.

Wambui, originaria de Nyeri, en el centro de Kenia, comenzó a ganarse un nombre en el atletismo internacional al lograr el oro en los 800 metros del Mundial júnior de 2014. Desde entonces se ha consolidado como una de las mejores atletas de la doble vuelta de pista.

"Llevo las carreras en la sangre, es algo sin lo que no puedo estar", asegura. "Ahora nos dicen que ya no podemos competir más, nos sentimos rechazadas. Somos simplemente tal y como la naturaleza nos hizo, no nos hemos dopado", subraya.

Alta, con musculatura, cabellos trenzados y una sonrisa tímida, Wambui asegura que nunca se había hecho preguntas sobre su género antes de que la IAAF empezara a pronunciarse sobre el caso de las atletas hiperandróginas.

"Ahora estoy preocupada por mi carrera", añade, admitiendo que este caso tiene efecto sobre su familia, para la que es la principal fuente de ingresos.

La pasada semana, la Federación Keniana de Atletismo (AK) descartó a Maximilla Imali (campeona nacional de 100 y 200 metros) y a Evangeline Makena (corredora de 400 metros) de la selección para el Mundial de relevos que se disputó el pasado fin de semana en Japón, debido a que presentaban tasas elevadas de testosterona.

Wambui denuncia la falta de apoyo de las autoridades kenianas.

"Nos gustaría escuchar algo de nuestro gobierno", afirma.

Pero la Federación Keniana apoya a la IAAF, indicó a la AFP un responsable de la AK, Bernabas Korir. "Hay que ser realista y ver que esas atletas tenían una ventaja sobre las demás", señala.