Uno de los retratistas más precisos de la historia de Venezuela, Francisco Herrera Luque, encontró también en la fábula una manera de perfilarnos. Sus enseñanzas perduran hasta hoy.

Venezuela ha pasado por un largo camino desde su independencia de España, y un camino no siempre es fácil de recorrer. Puede que el clima juegue en tu contra, que un animal salvaje intente hacerte daño y lo que nunca puede faltar: que te tropieces con una piedra que no habías visto antes. El pueblo venezolano cometió muchos errores en el pasado que están registrados en la historia, entre esos: seguir pensando de la misma manera tras el paso del tiempo o seguir eligiendo militares para la Presidencia. Pero me causa cierto interés al momento de ver que, siglo tras siglo, los venezolanos han tropezado con las mismas piedras que han estado desde su fundación en su camino. Este hecho, al mismo tiempo me llena de angustia porque me hace pensar que los venezolanos nos hemos acostumbrado y hasta encariñado con las piedras que se interponen en nuestro andar.

Francisco Herrera Luque retrató esa cruda realidad del país en una de sus obras más aclamadas: Boves, el urogallo, en la que relata la historia de cómo el territorio dejó de estar bajo la sombra de los españoles y emprendió su camino hacia la independencia, mezclando hechos de ficción con hechos reales. Además nos cuenta la vida y las sangrientas acciones de uno de los personajes más temidos pero fascinantes de nuestra historia, el caudillo de guerra José Tomás Boves.

“Yo no ayudo a esa clase de personas al levantarse”

Es muy común ver que personas con un mayor poder adquisitivo que otras, menosprecie o trate con rechazo a las personas que vienen de zonas urbanas peligrosas. Herrera Luque retrata una situación en su libro donde una cantidad significativa de mantuanos rechazan que dos señoritas, por el simple hecho de llevar en su sangre los genes negros, no quieren que tengan “las mismas costumbres, ni se vistan de la misma forma que ellos”. Situaciones similares a esta y muchísimas otras más son vistas frecuentemente en el país; vemos cómo les impiden a indígenas solicitar un trabajo y les responden con respuestas secas e hirientes como: “No, nosotros no damos trabajo a indios”. Es una situación muy grave que ha estado arraigada desde años atrás y que una gran cantidad de personas se ha rehusado a desechar. Es como ver a una persona tropezar, caerse y no ayudarla solo porque es perteneciente a una etnia indígena, y no tomar en cuenta que con la misma piedra con la que se tropezó esa persona, se podría tropezar cualquiera.

“¡Esa piedra siempre me hace caer!”

El talento que más se ha desarrollado en Venezuela es el de culpar a otra persona cuando cometemos un error o nos va mal en algo. Esto se ve reflejado en el libro cuando las personas del gobierno creen que José Tomás sería un mal guerrero por el hecho de que era un pulpero; o en el momento en que todos, por el simple hecho de que provenía de una familia de escasos recursos, creyeron que José Tomás sería un mal pulpero. Un caminante jamás podrá mejorar sus técnicas para avanzar en el camino si sigue responsabilizando a las piedras por sus torpes y descuidados tropiezos, que pudo haber evitado si se hubiera preocupado con anticipación.

“Alguien tendrá que mover esa piedra”

Una de las plagas más grandes que hay entre el pueblo venezolano son esas personas que prefieren quedarse tranquilas a esperar a que las soluciones y ayuda para el país caigan del cielo, y las otras plagas son las personas que solo imitan lo que ven. Por estos motivos, muchas personas deciden permanecer con una actitud pasiva ante las situaciones en las que deben hacer valer los derechos que recita la constitución y esperan a que alguien lo haga por ellos. Nosotros mismos somos los que tenemos en nuestras manos el deber y la responsabilidad de llevar el país hacia donde queremos. Sabemos cómo debemos hacerlo pero, ya que nos acostumbramos a ver resultados rápidos sin ninguna clase de esfuerzo de por medio, no estamos dispuestos a tener que pasar grandes dificultades aun sabiendo que eso no habrá valido nada en comparación con la satisfacción que sentiremos al momento en que se logre lo que queremos y poder decir que todos tuvimos una participación en ello. Herrera Luque ilustra esta situación en la obra de una manera muy dura y directa cuando, durante la guerra entre negros y blancos en La Guayra, dos personajes están en una casa y uno de estos expresa su temor por el levantamiento de los negros insurgentes al decir que “acabarán con todo” y el otro le responde: “No, qué va, esto es tan solo una inundación que al que agarre lo ahoga. Ya bajarán las aguas. Aquí nunca sucede ni sucederá nada. Este es un país quieto, demasiado quieto, que a veces despierta, pero que de inmediato se vuelve a dormir”. Las piedras están ahí, pero los que podemos removerlas para poder transitar con libertad en el camino somos nosotros mismos.

“No es acerca de la piedra en el camino, sino del caminante”

No toda la culpa la tiene la piedra que dificulta y retrasa el paso de un caminante hacia su meta, esta culpa es compartida con el caminante. Escuchar frases como: “Venezuela es un país del tercer mundo” me ha hecho preguntarme en muchas ocasiones: “¿y quiénes son las personas que conforman ese país?” o “¿quiénes son las personas que por generaciones han propagado este tipo de pensamiento hasta en el lugar más lejano y escondido del país?”. Exacto, personas como tú o como yo, esas personas que ves todos los días yendo a trabajar, personas con las que compartes tus historias y tus secretos más íntimos. Son estas mismas personas que ponen todas estas piedras, trabas e impedimentos en el camino de Venezuela para que se convierta en un país desarrollado; son estas mismas personas las que no aprenden de sus errores y siguen cometiendo las mismas equivocaciones que muchos de nuestros antepasados también cometieron, creyendo que sería distinto cada vez. El pueblo venezolano ha sido uno que constantemente ha estado rogando por un cambio, por algo que venga y ponga a Venezuela de nuevo entre los primeros lugares de los países más ricos y prósperos del mundo; pero no se dan cuenta de que de nada sirve tener un país con las mismas características positivas, avances tecnológicos, científicos y educativos que los otros si su pueblo solo piensa en cosas del pasado, o tiene pensamientos totalmente retrógrados que nos llevarán de vuelta hacia la involución, lo que nos convierte en una nación llena de personas indolentes. Este es un país con habitantes insensibles. La enorme piedra que obstruye nuestro camino hacia el progreso somos nosotros mismos. No es difícil concluir que Herrera Luque, para lograr un retrato fidedigno de los venezolanos en tiempos pasados, no necesitó pasar horas en una biblioteca: solo le hizo falta mirar a su alrededor.

El autor es estudiante de Comunicación Social de la UCAB Guayana. Este análisis es su proyecto final para la cátedra Literatura y Comunicación, de II semestre