Esta revolución ha escogido muy bien a sus esbirros. Y los ha entrenado. Si alguien sabe de represión, ésos son los cubanos. Pero ya los venezolanos de bien escogimos el camino de la libertad y no hay fiera -por muy salvaje que sea- que nos detenga.

Luego de haber visto el video de las tanquetas arrollando a los manifestantes, por enésima vez me pregunté cuál es la causa de que un ser humano pueda ser tan malvado con otro. Encontré en la web un interesante escrito del doctor Leon F. Seltzer, psicólogo, donde explica que, con muy pocas excepciones, las personas agresivas con las que ha trabajado a lo largo de su carrera han sufrido importantes déficits de autoestima. Incluso los que han tenido éxito en sus carreras, pero no en sus relaciones, y es allí donde abundan los desencadenantes de la ira. Sin embargo -e independientemente de sus logros profesionales- casi todos han sido afectados por un programa “no soy lo suficientemente bueno” (y algunos con un guión adicional de “soy un fraude” también).

El doctor Steven Stosny, quien ha estudiado las emociones y es fundador de Compassion Power y autor de varios libros sobre cómo mejorar las relaciones humanas, asegura que “la ira sintomática encubre nuestros ‘dolores originarios’. Estas emociones angustiantes clave incluyen sentirse ignorado, sin importancia, acusado, culpable, no confiable, desvalorizado, rechazado, impotente, desagradable, o incluso inadecuado para el contacto humano”.

Otros autores que leí coinciden en que el perfil de los agresivos, de esos incapaces de sentir culpa, arrepentimiento y mucho menos compasión por los demás, es el de personas con bajísima autoestima, grandes complejos, que de niños fueron abusados y humillados y usan la agresión como forma de solapar sus carencias y necesidades.

Muchos de quienes practican la tortura tienen varias de esas desviaciones psicológicas y, a menudo, obtienen satisfacción sádica. Como carecen de empatía, las reacciones dolorosas y agonizantes de sus víctimas, gritos y súplicas les dan un sentido de autoridad y sentimientos de superioridad. Pero hoy se sabe que la tortura puede dañar no solo a la víctima sino también a los perpetradores. Después del hecho, los perpetradores a menudo experimentarán problemas de salud mental y hasta tendencias suicidas.

Esta revolución ha escogido muy bien a sus esbirros. Y los ha entrenado. Si alguien sabe de represión, ésos son los cubanos. Pero ya los venezolanos de bien escogimos el camino de la libertad y no hay fiera -por muy salvaje que sea- que nos detenga. Falta poco.