Opinión
Diego Márquez Castro

Diego Márquez Castro

Periodista, gremialista y docente, ha hallado en la filosofía una manera de alertar acerca de los desvaríos del poder y su relación directamente proporcional con la ignorancia y la apatía ciudadana. De esa preocupación surge su dominical Comunicación y política.

Los tiempos que corren son de luces y sombras para la democracia. Nuevas formas de antidemocracia, paradójicamente disfrazadas de democracia, amenazan la existencia de un sistema no solamente político y social sino que es la base fundamental de la ciudadanía. 

En un mundo atravesado por la irrupción de las fórmulas populistas, los autoritarismos, la crisis de las instituciones democráticas, los mesianismos políticos y otras manifestaciones que ponen en entredicho la vigencia muchos valores, la sociedad civil se enfrenta a crecientes desafíos. 

Aunque se arropan con disfraces de progresismo, los populistas esconden atavismos y prejuicios, en ese sentido Pinker plantea: “Los populistas tienen en común una mentalidad tribal, la misma que conduce al nacionalismo y al autoritarismo”.

Samuel P. Huntington, politólogo de Harvard, escribió lo siguiente: “el significado político más importante de la democracia es la capacidad que poseen las instituciones para proteger los derechos y las libertades de los ciudadanos”. En tal sentido, la democracia asume ese hecho como un desafío.

Muchos de los discursos políticos y su manejo por parte de líderes y candidatos caen dentro de la categoría tautológica. La tautología es una palabra que proviene de un vocablo griego que significa “decir lo mismo”.

“Es difícil para hombres en puestos de alta responsabilidad evitar la enfermedad del autoengaño”, cita Márquez Castro en su análisis sobre el ejercicio político

“En la ética populista una opinión disidente es un intento de desestabilización”, resalta nuestro columnista Diego Márquez Castro en torno a la “ética” del populismo del siglo XXI

En tiempos electorales se acentúa la presentación de ofertas engañosas a los ciudadanos, los cuales no solamente buscan las naturales respuestas a situaciones signadas como críticas, sino se aferran a nuevas esperanzas fabricadas hábilmente por el marketing político. El populismo es un ejemplo de ello.

La tentación autoritaria subyace en el fenómeno populista contemporáneo para el cual significa más votar que elegir.

El populismo, en consecuencia, se convierte en una tendencia que “pretende ser la genuina representante de su pueblo, interpretar mejor que nadie sus aspiraciones y luchar en su exclusivo beneficio”.



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