Opinión

A Hugo Chávez, locuaz, encantador de serpientes, con formación castrense y liderazgo indiscutible, lo echan del poder sus compañeros militares y el pueblo embravecido, en 2002. Cosa distinta es que las ambiciones dieran al traste con el logro alcanzado.
El cuerpo de un venezolano es un libro abierto que muestra las huellas impresas de las privaciones a las que, protervamente, se les someten. Un lector con muy pocas horas de vuelo capta al instante la hambruna prolongada impuesta a ese organismo.
Es un hecho que China y Rusia han metido mucho dinero en Venezuela y que la inversión en Maduro puede salirles muy onerosa. Es entendible, entonces, que traten de cuidar sus intereses.
Las faenas se alargan por horas interminables, incluyendo amaneceres que se nutren de tertulias, comentarios, críticas sobre el país y su destino; pero a la vez nadie pierde sentido de las colas, los litros que dejan las gandolas en las estaciones de servicio, el comportamiento de los efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana que resguardan o se prestan para privilegiar a este o aquel.
El padrenuestro, esa oración que el mismo Jesús nos enseñó, es una oración que a mí me encanta, por lo profunda, por lo completa, y porque de entrada, nos dice que todos somos hermanos.
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