Opinión

En revolución un preso político jamás es presunto. La presunción de inocencia es letra muerta que solo sirve como ornato constitucional, y es absolutamente irrelevante cuando alguno de la cúpula podrida ha decidido meter en chirona a quien le dé su realísima gana.
Los criterios de esta filósofa, quien prefería ser llamada teórica, sobre este espinoso asunto, reflejan no solamente un ejercicio del pensamiento sino una experiencia de vida.
Lo más increíble de esa Venezuela bipolar es la casi ausencia de argumentos. Claro, es más fácil insultar que discutir: para lo primero no hay que pensar, para lo segundo hace falta inteligencia.
El “diálogo” para lo único que ha servido ha sido para prolongar el sufrimiento de los venezolanos y mantener a Maduro como dictador.
El rechazo nacional a quienes han dirigido al país crece y el anhelo de cambio existente en el noventa por ciento de la gente luce consolidado. No es reversible. Esto significa que no es aceptable una estrategia de convivencia con Maduro.
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